LA NADIE
Hay una señora en mi vida que me importa un pepino, o al menos debería, pero que tiene una madre que merece unas líneas, porque da la casualidad de que está muerta y creo que lleva viviendo así desde que nació. No imaginas qué terrible falta de brillo, qué opacidad la trasciende y qué nada la envuelve haciéndola invisible, neutra, insípida, agua destilada, que ni para beber vale ni mancha ni nada.
Pero tiene un marido inexplicable, él es un gran hombre, todo un caballero, con clase, con porte dinero y fama. Y la quiere verdaderamente, ya que amarra a tal anodina señora de la mano y se pasean. Y yo no soy cotilla pero pienso que de qué hablará la estrella con su nada. Es que por no ser no es ni deprimente, ni roba energía ni molesta su presencia como podría molestar a un ser genuino y vital una flor de plástico. Quizá ella le gusta por ser como un público portátil. Anónimo y respetable público que aplaude al final de la función y que los focos no dejan ver el rostro. Y se lleva así, de la mano, a su público por todas partes. Se la pasea por la ciudad a mirar zapatos con estilo por los escaparates, entonces él ya mira los zapatos para alguien. Y mea y ella mira, y ahí está él tan campante con su voigeaur doméstico.
Parió dos hijas, muy sanas, muy sin sal. Y aburridas como la espera en la cola del metro un martes más.
La que me toca por ser madre de un amigo de mi hija, es impecable. Fea alta y correcta. Justo al revés que yo, carisma chispa y error, esto amigo mío es mi carta de presentación. La suya roza la perfección:
Viste bien, con estilo, y es buena. La otra hija que no falla un cumpleaños de su sobrino es gris y triste, opaca como su madre pero amarga y nerviosa. Una enredadera negra y parásita que por ahí vive su vida y me resulta fácil imaginarla tomando ansiolíticos medio a escondidas y masturbandose viendo un porno duro y sucio.
Pero la que me toca algo tiene. Todo mi respeto y admiración para empezar, es una madre extraordinaria, cargada de paciencia educa a su pequeño con dulzura y amabilidad a partes iguales, no como la mayoría de las madres del cole que los educamos a gritos y achuchones que axfisian a los indefensos niños. si Dios quiso que yo no fuera envidiosa es porque sin duda en mi baraja estaba la carta de la felicidad y sabe Dios que la juego. Por eso la admiro, que no envidio, aunque confieso que me pesa no gustarle.
Pero es de la madre de quien quiero hablar.
En cierta ocasión en su opacidad pude ver que era muy antisemita. ¡Joder! ¿Y quien no? Sí fuera un detective diría que no tengo nada. Tiene chepa, pero también mil años yse deteriora como todos. Yo no. La vieja tiene media melena negra teñida, piel y ojos también muy oscuros, nadie dijo nunca que fuera guapa, nadie
tampoco que fuera fea. Menuda y delgada. Es tan invisible que debes perdonar que no sepa cómo viste, oscuro creo, pero vete tú a saber.
Contrasta con el marido setentón que viste como un chaval y no hace el ridículo. Con sus botines de marca, vaqueros paqueteros que además sabe llevar (Ahora estoy completamente segura de que sí, de que cuando él mea ella mira la función,entonces él la mira, sonríe pícaro desde el retrete, dos sacudiditas más y telón)
Tras los muy bonitos ojos azules de él hay brillo de luz de niño. Tiene barba blanca de guapo, no de esas de Papa Noel. Cejas altas y traviesas, bonita nariz aguileña. Muy delgado y esbelto. Tiene chispa. Habla lo justo y cuando lo hace lo hace con gracia. En estas reuniones tan forzadas que me toca vivir, él, sin ser nunca el protagonista, tiene un personaje anticlimatico y recomendable, salva la función con su saber fingir que no es siempre una reunión forzada y de compromiso que todas las partes desean terminar(salvo los niños)Él ayuda. Ella no existe. Éramos pocos hoy, preguntadme dónde se ha sentado y te aseguro que ni bajo tortura sabría contestar.
Y así hemos comido juntas, por enésima vez, animadas ambas por el colegio público que no nos une sin mediar palabra y debiéndo a la panademia el habernos liberado de un par de besos torpes rápidos y muy forzados. Como digo, sólo sé de ella que me odia por su antisemitismo, ya ves, no tengo nada...
Comentarios
Publicar un comentario