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LA NADIE

Hay una señora en mi vida que me importa un pepino, o al menos debería, pero que tiene una madre que merece unas líneas, porque da la casualidad de que está muerta y creo que lleva viviendo así desde que nació. No imaginas qué terrible falta de brillo, qué opacidad la trasciende y qué nada la envuelve haciéndola invisible, neutra, insípida, agua destilada, que ni para beber vale ni mancha ni nada. Pero tiene un marido inexplicable, él es un gran hombre, todo un caballero,  con clase,  con porte dinero y fama. Y la quiere verdaderamente, ya que amarra a tal anodina señora de la mano y se pasean. Y yo no soy cotilla pero pienso que de qué hablará la estrella con su nada. Es que por no ser no es ni deprimente, ni roba energía ni molesta su presencia como podría molestar a un ser genuino y vital una flor de plástico. Quizá ella le gusta por ser como un público portátil. Anónimo y respetable público que aplaude al final de la función y que los focos no dejan ver el rostro. Y se ll...

LA INFUSIÓN

La nochebuena la pasaron muy bien toda la familia reunida, padre, madre y los cuatro hijos. Muy tranquila pero en ambiente más amable que cualquier cena ordinaria. Navidad irían a comer a casa de tita Nía. Tita Nía, la hermana de Augusto, es una mujer correcta y seria. Sincera in extremis, tanto que en ocasiones parecía tener problemas de integración social, pero sólo en ocasiones, ya que la mayor parte del tiempo estaba relacionandose con alguna de sus muchas amigas. Señoras maduras del barrio de toda la vida. Señoras como ella,  bien peinadas y correctas. Que despellejaban gustosame te suegras o nueras, dependiendo de la edad o el papel a interpretar, en la cola del súper, en el chocolate del domingo, en el mercado,  en la manicura o incluso en el metro, con el señor de al lado. Abrió la puerta Inés, la hija pequeña. Adolescente ya,  con diecisiete años. Virginia era la hija menor de Ernesto, y tiempo atrás se había llevado de maravilla con Inés,  pero ya no. Sin...